“¿Dónde está el piloto? No está, no hay una orden de mando”

 

Mate en mano, sentado en su despacho y en medio de una semana complicada (el Partido Nacional a través de Álvaro Delgado pidió una investigadora para Ancap y el sector Todos preparó un gran congreso para el fin de semana), Luis Lacalle Pou analizó los primeros meses del gobierno de Tabaré Vázquez y el rol de la oposición.

Dice que no se siente bailando al ritmo del Frente Amplio que, asegura, es “uno aunque quiera parecer varios”. Afirma que no ve a un presidente “ejerciendo legítimamente la autoridad” y reconoce que la capacidad de incidencia de la oposición en estos últimos años ha sido bastante limitada.

—¿Cómo debe pararse el Partido Nacional ante un Frente Amplio que oficia de gobierno y oposición?

—No es cierto eso.

—¿Por qué?

—Es parte de una puesta en escena, de un show, que tendrá eficacia o no, ahora, en las decisiones importantes el Frente Amplio es uno.

—Pero las principales críticas al gobierno han surgido desde el propio Frente Amplio…

—El Frente Amplio es uno por más que quiera parecer varios. Votaron juntos en la elección nacional y en la segunda vuelta, o sea que el gobierno de Vázquez es hijo de todos los frenteamplistas. Votan juntos en el Parlamento, firman las resoluciones en el Consejo de Ministros y los directores de los entes autónomos y servicios descentralizados pertenecen a varios sectores.

—Pero, ¿qué pasa con la oposición? En los temas que marcan la agenda pública es el propio Frente Amplio el que toma la decisión y también el que la enfrenta…

—Llama más la atención a los medios de prensa, seguramente. Pero ahí hay un tema que no es menor que son las mayorías parlamentarias. Con eso, olvidate. Y a veces es un poco frustrante tener solo derecho al pataleo y que el Parlamento lo tengamos que usar como una caja de resonancia para que las mayorías sociales se enteren de lo que está pasando. Lo importante es cómo definen y quiénes definen: todo el Frente Amplio. Se tienen que hacer cargo de los logros pero también de los errores, que son muchos.

—¿Cómo definiría la relación que tiene la oposición con el gobierno de Tabaré Vázquez?

—La última vez que Vázquez convocó a la oposición, que fueron los coordinadores parlamentarios, se presentaron cuatro proyectos: un acuerdo con El Salvador, otro con Armenia, el de las zonas francas y el marco regulatorio del gas. No son los grandes temas del país. Yo estoy convencido de que hoy no tenemos un piloto de tormenta.

—¿En el gobierno?

—Como la película, ¿dónde está el piloto? No está, no hay una orden de mando, una determinación, hay idas y vueltas. Y en momentos en que la economía se enlentece se necesita un mensaje claro y una acción que se corresponda.

—¿Qué opina de la suspensión del Antel Arena?

—Yo no conozco la decisión final. Depende a quién se escuche de qué es lo que pasa. Sobre la génesis del Antel Arena no estamos de acuerdo, dijimos que no es competencia del ente hacer un centro de espectáculos. Ahora, una vez que se inicia una obra, que hay un obrador, que se contratan trabajadores, no nos parece frenarla. Pero yo no sé por qué se frenó. ¿Es porque no se va a hacer? ¿Se va a suspender y retomar? ¿Se llama a interesados privados? Yo no sé y eso es lo que te decía, ¿dónde está el piloto? Yo no veo a un presidente que esté ejerciendo legítimamente la autoridad.

—¿Usted cree que las idas y vueltas fueron por presiones dentro del Frente Amplio, sindicales o una mezcla de ambas?

—Puedo intuir qué pasó, no tengo elementos de prueba, entonces no me corresponde decirlo. Sí sé lo que falta: alguien que se haga cargo.

—Su sector, Todos, hizo un documento que habla de un seguimiento muy de cerca de la gestión del gobierno. ¿Lo ha hecho bien hasta ahora la oposición?

—Fijate el tema de Ancap. Nuestro director asumió hace dos meses y ha tenido una cercanía con los temas, tenemos información genuina, estamos conformando una comisión investigadora, nos opusimos al aumento de los combustibles, nuestro director planteó qué es lo que hay que hacer en vez de meterle la mano en el bolsillo a la gente. Estamos intentando hacer lo posible. No es fácil.

—¿El olfato político lo lleva a pensar que hubo errores dentro o fuera de la ley en Ancap?

—Hay errores humanos graves e innecesarios que no se pueden explicar por razones de urgencia ni por elementos supervinientes. Hay gastos superfluos, exagerados y apoyos fuera de lo común. De ahí a que sean ilegalidades, hay que verlo.

—¿Qué rol tendrá el Directorio del Partido Nacional teniendo en cuenta que los líderes no están?

—El Directorio tiene, por primera vez, una conformación sociopolítica distinta. Nuestro sector tomó una decisión que, desde mi punto de vista, significó mucha generosidad: dirigentes concedieron espacios a otros que antes no tenían participación. Hoy tenemos ediles, técnicos, militantes de base, alcaldes, intendentes, senadores y diputados. Eso ayuda a que la síntesis partidaria esté dada por todos los actores políticos.

—¿Pero no pierde fuerza no teniendo a ninguno de los dos líderes actuales del partido?

—No, sería un egoísmo. Para presidir el Directorio del Partido Nacional, además, hay que estar compenetrado en esa función.

—En las líneas de acción que se plantean en el documento de Todos se dice que hay que fortalecer el partido para alcanzar la victoria en 2019. ¿Cómo cree que se puede ganar terreno en estos cinco años?

—La función ejecutiva es claramente a través de las intendencias, no tan nítidamente en las alcaldías, porque allí hay una confusión legal y presupuestal, y tenemos la función de contralor en el Parlamento. Si a eso le sumamos la conformación de equipos de gobierno, una agenda acabada del Partido Nacional y el apoyo a militantes, vamos a llegar bien para presentarnos ante la ciudadanía con buenos perfiles, un partido que tiene algo de federal, mucho de unidad, diversidad de sectores y un equipo de gobierno.

—¿Es buena estrategia que el partido tenga mayor presencia de militantes y dirigentes en sindicatos y ONG?

—Tenemos muchos compañeros trabajando en distintos ámbitos, quizás orgánicamente no lo hemos hecho, pero me consta que está en los planes del Directorio. En lo que no podemos caer es en que un sindicato o una ONG sea un brazo político de un partido, como es el Pit-Cnt para el Frente Amplio.

—¿Qué rol está jugando la central sindical?

—Yo estoy expectante. Quiero ver si en estos momentos más complejos toman la decisión de defender las causas que representan y por las cuales están ahí, o son más tibios por pertenecer a un partido de gobierno.

—¿Cómo está su relación con Jorge Larrañaga?

—Bárbara. Tenemos una relación personal, cordial, de aprecio de la cual me jacto.

—Usted ya dijo que quería ser candidato en 2019…

—Sí, pero no fue la frivolidad de decir quiero ser candidato. Fue en el marco de una explicación a un grupo de dirigentes de por qué yo creía que no debía presidir el Directorio.

—El otro líder del partido es Larrañaga. ¿Está bien tener las mismas caras que en la elección pasada o hay que probar nuevos liderazgos?

—Creo en los partidos que se renuevan. Cuanta más gente aspire a encabezar el Partido Nacional, mejor.

—¿Y usted aceptaría ser vice?

—Así como me parece una frivolidad hablar de candidaturas, hoy me parece una chambonada hablar de vicepresidencias.

De la positiva a la década perdida: el psicoanálisis

“Por la positiva” fue más que un eslogan en la campaña de Luis Lacalle Pou. Fue una bandera de la cual intentó no separarse, incluso, en la recta final. Por eso, quizás, sorprendió cuando asentó la definición de “década perdida” para hablar de los diez años de gobierno del Frente Amplio. “Hay una especie de psicoanálisis sobre esos términos”, dice Lacalle Pou. Se ríe y asegura que no cambió y que siempre dijo lo mismo. “Si escuchás mi discurso durante la campaña y leés nuestro programa de gobierno fuimos hipercríticos. Lo que siempre fuimos es respetuosos, nunca levantamos la voz ni descalificamos a los demás. Dijimos nuestra verdad, respetamos la otra, aunque no la compartíamos y la discutimos. Siempre tuvimos una reacción proactiva, de crítica y de propuesta”, aseguró el senador nacionalista.

Lacalle Pou opina que en Uruguay, al igual que ocurre en otros países, está siendo “moneda corriente” no discutir ideas sino descalificar al emisor del mensaje. “Eso es incapacidad de alguna gente. La sociedad nos dijo cómo estamos y dónde estamos los próximos cinco años. No estamos en el gobierno, estamos en el Parlamento. No tenemos la capacidad de incidir sobre las mayorías por lo cual el rol de contralor es necesario y preponderante. Y eso es lo que estamos haciendo”.

Aclaró que tampoco amputará “la capacidad de propuesta” y comentó que le pidió a sus directores que estén presentes, que coordinen, articulen e informen.

 

Foto: L. Carreño

Fuente: El País