Educación y las baldosas.

La educación pública tocó fondo. Los episodios del martes de noche durante la desocupación del edificio del Codicen desnudaron sin piedad la destrucción de algo más que una oficina pública: colapsó el sistema. Ni el propio Vázquez se imaginaba que su error de 2010 con la nefasta ley de Educación llevaría a tal grado de destrucción a la enseñanza pública.

La transferencia del poder a las corporaciones desató una lucha política entre algunos grupos primero y grupúsculos radicales después, que sometió al olvido a los estudiantes y docentes que en su mayoría están muy lejos de donde se decide. Los que estaban el martes de noche no representan a nadie.

El año lectivo 2015 será testimonial, casi perdido.

Vázquez decidió en este mandato que en el Codicen no esté la oposición. Otra enorme equivocación. Si no fuera así hoy habría alguien sensato sentado ahí. Tenemos un Codicen con un presidente que da pena: sin liderazgo, sin ideas, y lavándose las manos para quedar bien con un grupito sin tener el valor de defender a sus estudiantes y sus docentes, que por miles y miles están de rehenes de unos pocos radicales y también de autoridades con intelecto tembloroso. En medio de la desocupación para lo único que se lo sintió fue para decir que él no tenía nada que ver.

Me acuerdo del año 1985 durante la ocupación del IPA. Fue hasta el edificio de Avda. del Libertador el presidente del Codicen de la época y solicitó a los dirigentes gremiales que se liberara la sede. Como no se aceptó, él mismo, con su pequeño físico, sombrero en mano, lo desalojó encabezando a la Policía. No mandó a nadie, él asumió la responsabilidad. Recibió algún insulto, pero sabía que él era responsable de lo que pasara. No hubo un solo altercado físico. La autoridad era don Juan Pivel Devoto que además de presidente del Codicen, primero era docente y por lo tanto, quienes ocupaban eran “sus” estudiantes. Comparar impresiona.

Hablemos del desalojo.

No ha salido nadie del FA a respaldar el procedimiento. Les quema el tema. Acá hay una cuestión principal y es si se actuó de acuerdo a Derecho. No hay que olvidarse que de hay una norma que prohíbe expresamente la ocupación de oficinas públicas y prevé el inmediato desalojo. Esto lo saben los ocupantes y saben que los desalojos los hace la Policía, no un coro de niños cantores. La acción policial fue proporcional y medida frente a quienes estaban para agredir.

Hay grupos que necesitan su bautismo de fuego y dan manija a algunos jóvenes para eso. Muchos pensaban en su intifada propia. Querían a un muchacho herido seriamente o peor, y no pasó de un bastonazo. Se encontraron a una Policía que actuó con prudencia, nada al lado de lo que se puede ver en un estadio cualquier fin de semana. Sería bueno, además, citar a los padres de los ocupantes y hacerlos responsables de que paguen lo que sus hijos destrozaron (el decreto hace responsable a los ocupantes por las roturas). Es un acto educativo básico. No se puede romper todo y después pedir más presupuesto.

Los uruguayos depositamos más de 2.000 millones de dólares al año en la educación, no para que un grupito con un pañuelo tapándose la cara y una baldosa en la mano terminen siendo la imagen más patética de un sistema que se derrumbó.

El pecado original es la ley de Educación de Vázquez. No hay que quejarse del chancho después de haberle rascado tantos años el lomo.

 

Javier García