El plato está servido. Entrevista al intendente de Florida Carlos Enciso

El plato está servido. Entrevista al intendente de Florida Carlos Enciso

El plato está servido. Entrevista al intendente de Florida Carlos Enciso

Por Heraclio Labandera

El último sábado, el senador Luis Lacalle Pou, utilizó la totalidad del espacio radial contratado de forma semanal por la Agrupación Manuel Oribe, para saludar el paso dado por el actual intendente de Florida, Carlos Enciso, de marcar un acento programático propio y, probablemente, asegurar que en 2019 concurra a los comicios nacionales, con una plancha propia al Senado, por fuera de la lista oficial.
La idea había sido sugerida en diciembre, en los discursos de la comida de cierre de año de la Agrupación Manuel Oribe, en Florida, y refrendada hace una semana en un reportaje publicado en el semanario “Búsqueda”, donde se reiteró el anuncio con claridad meridiana.
Para los habitantes de fuera de la galaxia blanca, el episodio pudo pasar desapercibido, porque entre otras cosas, no es la primera vez que la voz de este legislador se escucha en el monitor bajo la grifa de “la Manuel Oribe”, agrupación donde Luis Lacalle Pou fue por primera vez proclamado “presidenciable” por el Partido Nacional para la última elección nacional, precisamente, en un momento en que su estrella aún no destellaba.
El gesto, sin embargo, no fue para nada menor.
Para los que decodifican ese lenguaje, la importancia de sus palabras en la audición de la Agrupación Manuel Oribe, radicó en que con ello, liquidó de plano las especulaciones y ruidos que, desde hacía meses, enturbiaban la armonía de un sector como “Todos”, que ha mostrado una amplia “unidad en la diversidad”, considerando el diferente origen ideológico de los distintos sectores que lo componen.
La decisión de Carlos Enciso de lanzar por la cuenta la posibilidad de una segunda plancha al Senado dentro de la candidatura de Luis Lacalle Pou, descomprime las necesarias definiciones que llegarán con los comicios de 2019, y abre un espacio a la militancia metropolitana de los blancos que enfrentan nuevas realidades, junto a sectores sociales poco contemplados por las cúpulas dirigentes.
El Partido Nacional, al igual que los otros partidos políticos de rango parlamentario, tiene sus propias contradicciones domésticas.
En el caso de los blancos, a la progresiva urbanización de una colectividad cuyo discurso está habituado a mencionar “cuchillas” y “tacuara”, la coyuntura le ha otorgado el papel de partido articulador del arco opositor, lo que lo obliga a recrearse como oferta política alternativa.
Hace ya dos décadas que el ex presidente Luis Lacalle Herrera, se tomó muy en serio la tarea de generar un espacio ecuménico con los viejos adversarios colorados, abriéndoles el juego a ciudadanos que –sin abandonar su amor de divisa- resolvieron colaborar con una propuesta revulsiva para muchos.
Lacalle, a su modo, hizo una similar tarea de acumulación electoral a la que en su hora logró Benito Nardone y su movimiento de Acción Ruralista, y que al paso del tiempo José Mujica comprendió a cabalidad y terminó por remedar para conseguir su portentosa victoria presidencial.
El tema es que, además, a esas dos formidables tareas, dentro del Partido Nacional se suma la cuestión del relevo generacional, extremo ya instalado con la candidatura presidencial de Lacalle Pou, y con la llegada a la vitrina de una tanda de dirigentes que a la salida de la dictadura (cuando los partidos se reconstruyeron) estaba pintando muros y volanteando, a los que se suman ahora los cuadros colorados y también los frenteamplistas del desencanto de la utopía.
Como se advertirá, las contradicciones ideológicas dentro del Partido Nacional se agudizaran aún más en este nuevo escenario de nuevas alianzas dentro del nacionalismo siglo XXI, dilema que está lejos de ser comprendido por el oficialismo frenteamplista.
A la cúpula del FA no le faltaría inteligencia para comprenderlo, pero el acostumbramiento a los estereotipos políticos sobre los adversarios, a la crónica demonización de la disidencia y a la moralización de la autocomplacencia, lo dejan en el más absoluto autismo político.
Que Netto sea comparado con José Pedro Varela y que Bonomi continúe bien conceptuado por el presidente Vázquez, sin que el propio FA tenga un arrebato de autocrítica, son apenas dos ejemplos de la mala vibra que infla la burbuja oficialista.
Pero allá, ellos.
Lo que importa en esta reflexión, fue la señal rescatada en esta anécdota, enviada por Lacalle Pou a los suyos, a los cuadros de Larrañaga, y al resto del arco político opositor.

El otro espacio

Hace mucho tiempo que en las cuevas blancas se debate sobre la necesidad de convertir al Partido Nacional en plataforma para las nuevas demandas sociales, económicas y políticas que impone el actual siglo.
Los reclamos han cambiado y es necesario adaptar la herramienta partidaria al latido de los tiempos que corren.
Incluso, muchas voces susurran la necesidad de retomar antiguas banderas del nacionalismo bajo nuevas formas, recuperando trincheras sociales e ideológicas que por diversas causas quedaron en manos de otros.
De ese humus doctrinario es que se nutre esta suerte de contestación al “statu quo” que se revela en la novedad que propone este nuevo sector, que promete una novísima corriente electoral dentro del sector “Todos”.
Pero sería una simplificación pavorosa agotar la lectura de este fenómeno, a una expresión meramente electoral.
En razón de las fuerzas y las ideas que se mezclan en este caldero, el fruto en gestación deviene en un extraño combo de wilsonismo y neoherrerismo, dispuesto a hacer carne la política de cercanía, y a comprometerse con algunos viejos postulados blancos y a nuevas banderas pagadas de más futuro que pasado.
El día que se conoció el artículo de “Búsqueda”, Daniel Olascoaga –un dirigente de este nuevo sector- puso un tuit con copia de la nota, y la consigna: “el wilsonismo vuelve a enamorar”.
El tiempo dirá que tanto se ha comprendido, el ciclo de la historia por el cual atraviesa el país.
De todos modos, el plato está servido.

Entrevista en el semanario Voces, del 16.02.2017

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