Fruto de la soberbia.

Fruto de la soberbia.

Fruto de la soberbia.

En el medio de una tormenta provocada por la soberbia del gobierno por un lado y la dirigencia sindical por otro, en el Uruguay los niños y jóvenes pierden horas preciosas de clase y conocimientos, aunque para muchos de ellos sean otras disfrutables vacaciones. Y dejo en claro que para mí al menos, comprometer el futuro de los niños y jóvenes es una cuestión de esencialidad.

 

Y en el medio de esa tormenta, la torpeza con que se han conducido los actores, a esta altura contendores, los ha ido encerrando en un callejón sin salida. Lo cierto que de enseñanza nada, de transformaciones nada y de “educación, educación y educación….” menos que nada aún. El futuro de la “tacita del plata”, de una sociedad igualitaria admirada por el mundo entero, es el peor que se puede esperar. Los liderazgos políticos y sindicales de una izquierda emborrachada de poder, de cargos, de negocios, de nuevas amistades y ascenso social  desprecian la importancia de los temas y han resuelto medir su poder con declaraciones altisonantes, desafiantes y propuestas descabelladas o impracticables. Cuando, legitimados con la mayoría electoral obtenida, de la que se viven jactando y creen que les legitima para actuar por su sola voluntad e interés ideológico, resuelven pasarse cuentas públicas y usar los problemas del país como arma arrojadiza, practican lo peor de la política y lo peor del poder.

Adheridos como ventosas a lo artificial del poder, los cargos y los sueldos, no reparan que sus actos derivan en acciones que comprometen al país y a su futuro. Por ello, a pesar de proclamar la necesidad de consensos nacionales no vacilan en dedicar todos sus esfuerzos a cumplir a rajatabla el programa frenteamplista, aunque hubiese sido redactado en rebatiña y bajo el manto de una situación económica ideal inexistente, y prueba de ello es el desastre fiscal que padecemos. Poco importa la opinión de la mitad del Uruguay en temas que nos competen a todos hoy y al futuro. Los líos de hoy derivan de esconder la basura debajo de la alfombra, mentir la realidad contar de ganar elecciones, porque lo único importante es el poder, pese a todo.

Y  en el centro de este panorama algunas personalidades que ejercitan su ego manipulando el poder, mienten y desmienten y practican discursos de iniciados a una población que no entiende más que de sus necesidades, temores y frustradas aspiraciones de vivir seguros y en libertad.

 

En el centro de la escena, Mujica y sus majaderías, mirando por detrás de la cortina como se desarrolla el gran relajo y como su barra opera para acogotar al Presidente. Este que no se ha dado cuenta que no es rey, sino simplemente el primer empleado Publio en jerarquía se desvive por demostrar que a él no le ganan ninguna. Las víctimas de esta megalomanía, el pueblo.

 

En la escena también el sempiterno Astori, el de la deslealtad intelectual, cada vez más

parecido a su archienemigo Mujica, porque dice una cosa y también dice la otra. A propósito

de este personaje dos anécdotas:

- Antes de la elección juraba frente a lo que se pudiera adelante que la situación fiscal era muy buena, excelente. Cualquier cosa por el poder. Ahora, ante el desastre que el mismo vaticina le echa las culpas a la situación internacional y no al malgasto y derroche que encabezó Mujica con un Ministro de su confianza, Lorenzo y un Presidente del Banco Central también Bergara.

- Hace pocas horas en una reunión a la que invitó a la oposición para alarmarla con la desastrosa situación fiscal que hace nueve meses negaba y pretender asociarnos a las restricciones presupuestales que horas antes su bancada, con mayoría del Pepismo, le dijo que no acompañaría, desmintió al propio Presidente. Cuando le preguntamos a Astori como era posible que el Gobierno pensara echar mano a los fondos de INAFOP, como dijo Vázquez en

Florida a los cuatro vientos, para pagar aumentos a docentes, lo negó rotundamente, dijo que era imposible y que no sería así. Y cuando repreguntamos  si como lo había afirmado Vázquez se usarían fondos de trabajadores y estado en ese organismo para salarios docentes, de muy mala gana se nos dijo que el Presidente no había dicho eso.

 

Lo informamos a la prensa y a continuación le dijo a la misma prensa que era falso que él hubiese opinado de ese tema en la reunión que habíamos compartido.

Todo el lío en el que está metido el País tiene su origen en la soberbia, en la de quienes deben rendir pruebas permanentes de humildad y contracción por la importancia de sus posiciones y sus decisiones. Y no es menos determinante que a la humildad debe agregársele una condición ética, la de decir la verdad y no negar lo que se dijo. Por los caminos que recorren hoy los liderazgos de izquierda al País le acechan horas tristes.

 

Jaime Mario Trobo

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