Intervención del Diputado Gustavo Penadés, donde fundamenta su voto negativo a la Rendición de Cuentas de Mujica.

SEÑOR PENADÉS (Gustavo).- Señor presidente: haciendo mío el informe que el miembro informante por el Partido Nacional, diputado Gandini, realizó hace un rato, quiero formular algunas consideraciones acotadas en el tiempo que se ha pactado para poder arribar a las 16 horas a la sesión ordinaria.

Esta es la última rendición de cuentas de un Gobierno que ya terminó. Parece poco lógico que en el inicio de un nuevo Gobierno estemos analizando lo que hizo el anterior. Se da la paradoja ‑sin perjuicio de que es el mismo partido político el que, como consecuencia del resultado de las elecciones, se mantiene a cargo del Poder Ejecutivo‑ de tener que venir a dar explicaciones sobre una Administración de la que, en realidad, no se es directamente responsable. Eso, quizás, sea algo que en el futuro tengamos que cambiar.

Por otra parte, vuelvo a insistir, como lo venimos haciendo desde hace años, en que es absolutamente anacrónica la forma que el Parlamento tiene para controlar o realizar la rendición de cuentas y el presupuesto nacional. Es absolutamente impensable que una comisión integrada por equis cantidad de diputados, frente a la cual desfilan veintidós Incisos y que considera un promedio de cuatrocientos o quinientos ar­tículos, pueda analizar en cuarenta y cinco días el presupuesto de todo el país, con cierto grado de seriedad. Además, lo hace en una soledad absoluta, sin la posibilidad de que ingresen asesores; sin la posibilidad de que el Parlamento cuente con asesores para llevar adelante una de sus tareas prioritarias desde los ochocientos años de la existencia de la Carta Magna, que se están conmemorando.

A esto debemos sumar que no son las comisiones especializadas en los temas las que tratan el eje central de la gestión. Parece irrisorio que quien analiza, por ejemplo, la política de vivienda en el momento del tratamiento del presupuesto no sea la Comisión de Vivienda, Territorio y Medio Ambiente sino la Comisión de Presupuestos integrada con la de Hacienda. En realidad, una vez que ingresa el presupuesto al Parlamento nacional debería desagregar los Incisos y remitirlos a las comisiones respectivas. Cada una de ellas debería convocar a los ministros del ramo para que explicaran, analizaran y trabajaran sobre los distintos temas, dejando a las Comisiones de Presupuestos y Hacienda solo los asuntos relacionados con lo económico y financiero en el funcionamiento del Estado. Pero como las cosas son así desde hace mucho tiempo y el grado de conservadurismo que tenemos todos en este Parlamento indica que las cosas no cambien, seguiremos funcionando de esta manera saecula saeculorum. Esta manera de funcionar le sirve al Poder Ejecutivo, porque la oposición, reducida a ocho o diez diputados, para enfrentar la realidad de la elaboración de un presupuesto, es bastante desproporcionada. Esto ha sucedido desde el gobierno o desde la oposición de todos los partidos políticos. Quizás, algún día tendríamos que animarnos a cambiarlo.

Ingresando en el tratamiento de la rendición de cuentas, si nos pudiéramos abstraer durante un minuto de la realidad política ‑obviamente, el oficialismo está para defender y la oposición, para criticar‑ y hablar de un país que no fuera este, en el que el Gobierno saliente presenta un proyecto de rendición de cuentas deficitario, en el que no cumplió ninguno de los rangos meta que se autoimpuso ‑con un aumento de la inflación fuera del rango meta, un crecimiento del endeudamiento fuera del rango meta, una disminución del crecimiento del país fuera de lo esperado, un aumento del déficit‑, en el que unos tienen que venir a defender y otros tenemos que criticar, realmente, deberíamos decir que la situación no es aceptable ni ideal. Si se presenta una rendición de cuentas elaborada por el Gobierno, en la que el Gobierno no cumple con las metas que se autoimpuso, es clarísimo que no debería votarse. ¿Por qué? Porque el Poder Ejecutivo no cumplió con ninguna de las cosas que dijo que iba a cumplir. Y no se trata de que no las haya cumplido por la positiva; no; no las cumplió por la negativa. O sea, se incumplió con las metas que el Poder Ejecutivo se había autoimpuesto, en un escenario de crecimiento en el que comienzan a chocar los argumentos del oficialismo. Por un lado, dicen que el crecimiento no se debe solo al contexto favorable que el país ha vivido en cuanto al comercio exterior, al crecimiento de nuestros commodities y demás, sino que es el resultado de las políticas que el Poder Ejecutivo aplicó durante estos años, pero, por otro, cuando el viento cambia, comienza a decirse que la región se complica, que nuestros principales compradores presentan dificultades, que sube el precio del dólar, que todo el escenario es complejo y se nos empieza a complicar a nosotros también. Pues, entonces, era lo que nosotros decíamos: Uruguay crecía un poco por el esfuerzo que se hacía para crecer y mucho por lo que venía de afuera para que creciéramos. Cuando eso cambia, se nos pone el viento en la puerta y la cosa se empieza a complicar, como se acaba de ver, como se está viendo por los números. La situación es muy complicada producto de que cuando tuvimos la oportunidad de prever que los ciclos en economía cambiaban, no se previó.

Además, se comparan cosas incomparables, porque es muy difícil comparar el presupuesto de un Estado que era de US$ 3.000.000.000 o US$ 4.000.000.000, con otro de US$ 15.000.000.000, o el producto bruto interno del país cuando no llegaba a los US$ 10.000.000.000 con uno que supera los US$ 50.000.000.000. Como esas comparaciones son muy difíciles de realizar pero igual se pretende hacerlas hablando de la herencia maldita o considerando que los tiempos pasados fueron mucho peores, en el escenario de un crecimiento como el que Uruguay ha vivido, ¿estamos conformes con los resultados? Porque aquí no hay que hablar más del aumento del gasto. Aquí de lo que hay que empezar a hablar es de la calidad del gasto. Y es en cuanto a la calidad del gasto en lo que estamos muy lejos de ser medianamente aceptables.

Pongamos algunos ejemplos, si se quiere. El Ministerio del Interior tiene US$ 800.000.000 anuales de gasto. ¿Estamos conformes con la seguridad del Uruguay con US$ 800.000.000 anuales de presupuesto? Recuerdo que antes del crecimiento de estos años el presupuesto del Ministerio del Interior no llegaba a US$ 100.000.000. El presupuesto de ASSE es de más de US$ 1.000.000.000, con 400.000 usuarios menos como consecuencia de la aplicación del Fonasa. En diez años no se ha inaugurado un solo hospital nuevo en todo el país. ¿Estamos de acuerdo con el resultado? La ANEP tiene un presupuesto de US$ 2.000.000.000, con resultados de los cuales mejor ni hablar. ¿Estamos de acuerdo con la calidad del gasto? Porque la crisis del año 2002 se arrastró, pero no se puede arrastrar hasta el 2015 y el presupuesto sistemáticamente ha crecido. Entonces, ni vivimos en el país de Alicia en el país de las maravillas, que algunos quieren pintar ni tampoco en el quinto de los infiernos de Dante, como también algunos queremos pintar; ni tan tan, ni muy muy. Pero igual creemos que ha sido una oportunidad desaprovechada en cuanto a los cambios centrales y estructurales que el Uruguay debería haber producido como consecuencia del crecimiento económico, financiero y presupuestal que ha tenido en esta última década.

Esa es la conclusión a la que debemos arribar luego de estos cinco años del presidente Mujica. Llegamos al final sin haber cumplido ni siquiera con muchos de los anuncios que desde donde está ahora ubicado el presidente de la Cámara de Diputados el 1º de marzo de 2010 escucháramos de parte del presidente Mujica. Habló de la reforma del Estado; nos anunció la reforma del Estado. Parafraseó diciendo que es la madre de todas las reformas que no podemos hacer esperar; lo digo tal como lo expresara el presidente. Lo único que podemos mostrar en cinco años es un Estatuto del Funcionario Público que el propio presidente de la República dijo que era ni chicha, ni limonada. En el primer año del gobierno de Mujica se anunció la reforma del Estado: la madre de todas las reformas del otro gobierno de un Estado que parece huérfano por no tener madre. Se anunció que tres ministerios iban a iniciar ese proceso. Esos fueron los únicos tres ministerios que hicieron un cambio. Después, no se prosiguió más con ese cambio.

Con relación a los funcionarios nunca se ha vivido una política de atentar contra la carrera funcional como la de estos cinco años. Se terminó la carrera funcional. Al establecer lo que en el presupuesto se llamó los imprescindibles y dar la oportunidad de que los jerarcas de los ministerios llenaran toda la cúspide de finalización de la carrera con gente de particular confianza política se echó por tierra la carrera funcional, lo que no se logró recomponer; los imprescindibles continuaron y se siguió fomentando la creación de un Estado paralelo.

Si leemos lo que dijo el expresidente de la República constatamos que expresa algo en lo que coincido y es que en el Uruguay hay dos Estados, y el Estado que más ha crecido es el Estado paralelo que, a la sazón, es el que este Parlamento no puede controlar. En este quinquenio se ha vivido el proceso de privatización más importante del Estado que recuerde la historia del Uruguay. No me refiero a la privatización que algunos creen, que es la transferencia hacia el capital privado de algunas de las funciones que cumple el Estado. No; es la transferencia hacia el derecho privado que es el que este Parlamento ‑entre otras cosas‑ no puede controlar, como tampoco puede hacerlo el Tribunal de Cuentas.

Si quieren les pongo el ejemplo de ALUR, del que mejor no hablar. ALUR formó una sociedad anónima constituida en un 90% por capital de Ancap y un 10% de PDVSA ‑aproximadamente‑, que se llama Agroalur. Esta es una sociedad anónima integrada por esos capitales que por supuesto que por aquí no tiene ningún tipo de contralor ni tampoco por parte del Tribunal de Cuentas. Y así hay decenas y decenas de agencias y organizaciones que se han creado en este quinquenio y que lo que han tratado de buscar es, precisamente, cómo sortear la ley que establece el contralor del Estado a través de licitaciones y de todo proceso que se dice defender pero, por otro lado, no se hace cumplir. Eso se ha vivido sistemáticamente en este quinquenio que va terminando.

Conjuntamente con esto se hicieron algunos anuncios que parecían ser por lo menos fundacionales o refundacionales del país pero ninguno se cumplió. Ninguno; ni la regasificadora, ni Aratirí, ni el ferrocarril, ni el puerto de aguas profundas, ni nada. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas fue el peor que se recuerde en los últimos años, con la más baja inversión y, fundamentalmente, con una lentitud en la concreción de inversiones como no se recuerda otra. Se anunciaban los proyectos de participación público‑privada, aquellos que otrora se decía combatir. Recién escuchábamos a alguien reconocer ‑nos alegra mucho que eso sea así‑ que el Uruguay en una de sus diversas facetas de desarrollo tiene la de los servicios. Todavía recuerdo cuando algunos criticaban al Uruguay de los servicios y decían que ese no era el futuro del Uruguay, que por el contrario, cómo iba a ser ese. Hoy todo el mundo habla del Uruguay de los servicios y ahora se anuncia el Uruguay logístico, que es el Uruguay de los servicios.

En ese proceso se anunció que se venía un apagón logístico pero el Ministerio de Transporte y Obras Públicas en el quinquenio nunca presentó un plan de obras en el Parlamento nacional como lo establece la ley. Nunca se presentó en el quinquenio que hoy estamos terminando de analizar el plan de obras a ejecutarse por parte de ese ministerio; jamás.

Además, en algunas áreas respecto a las que se anunciaron específicamente trabajos o focalización de esfuerzos se ha fracasado con rotundo éxito. Las PPP son una de ellas y la madre de todas es la Administración de Ferrocarriles del Estado, en donde una vez más se ha fracasado como vienen fracasando sistemáticamente todas las administraciones desde el día en que se suprimió el servicio de pasajeros en la lejana década de 1980. Pero lo que es peor aún: en este quinquenio se ejecutaron obras por parte de la Corporación Ferroviaria con fondos del Focem que se hicieron mal. El trayecto Pintado-Rivera se hizo mal; se construyó mal; se invirtieron más de US$ 60.000.000 que no sirvieron para nada porque lograron que la velocidad de los ferrocarriles solo aumentara de 12 kilómetros a 30. Ese es el escenario que hoy estamos viviendo; el escenario en el cual hemos visto cómo, por un lado, se anuncia que vamos a priorizar sectores de la vida nacional y después se quedan en esos anuncios, porque no sucedió absolutamente nada.

Señor presidente: es en ese sentido en el que con pesar ‑porque estas cosas uno lo dice con pesar‑, al aprobar esta rendición de cuentas por parte de la mayoría y al rechazarla nosotros, comprobamos cómo las oportunidades perdidas en el quinquenio se agolpan y son muchas. Lamentablemente, esas oportunidades son las que hoy hacen que el próximo gobierno y el próximo análisis del presupuesto tenga que ser revisado con mucha severidad producto de que, lamentablemente ‑entre otros elementos‑ el viento de cola ha terminado.

Es por ese motivo que no votaremos este proyecto de rendición de cuentas que ha remitido el Poder Ejecutivo, lamentando que esto sea así y que muchos de los anuncios que oportunamente se hicieron, a veces con carácter fundacional, no se hayan cumplido ni se haya podido avanzar en defensa del desarrollo sustentable de nuestro país.