Marihuana a tres años.

Marihuana a tres años.

Marihuana a tres años.

La ley de legalización de la producción y venta de la marihuana desde el comienzo fue una enorme improvisación.

Lo que así nació es lógico que tres años después de su aprobación se haya transformado en inaplicable. Fue impulsada por el ministro de Defensa de la época (ya eso fue una originalidad) como forma de mejorar la seguridad pública. En un delirio argumental el gobierno afirmaba que la legalización sería un arma letal contra el narcotráfico. Sacaría del mercado ilegal la droga que al ser vendida en las farmacias, como si fuera una curita, le quitaría a las organizaciones criminales su negocio. Era tan ingenua la afirmación que tres años después ni las farmacias quieren meterse en problemas con su venta, ni el narcotráfico ha retrocedido un ápice ni debe estar muy preocupado por la ley en cuestión. Por desgracia, porque uno de los problemas más grandes que tenemos como sociedad es el del crimen organizado y su corrupción. De hecho nada ha cambiado hasta el momento y esto no es fruto de la inacción ni de probar caminos nuevos, sino de haber aceptado hacerle mandados a poderosos que financiaron estos inventos usándonos como conejillos de indias. Se nos dijo que lo hecho en la lucha contra las drogas no había dado efectos, pero estos caminos improvisados lo único que lograron es bajar la percepción del riesgo, como afirman los especialistas, haciendo de la droga algo más “amigable”, tanto que hasta en las farmacias se vendería. Quiere decir que el discurso legalizador fomentado por organismos internacionales será muy atrayente, pero de cero eficacia. Un grupo de personalidades políticas y expresidentes de la región así como intelectuales aplaudieron la ley, y Mujica se paseó por el mundo hablando de un “cambio de paradigma” con respecto a las drogas. En verdad les dio conferencias de lo que no solo no existe, sino que fracasó antes de empezar. Un gran shopping de humo.
De sus impulsores y defensores, nacionales y extranjeros, no se escucha una sola palabra. La Junta Nacional de Drogas solo anuncia postergaciones sin fecha. Ahora surgió otro problema: empezó a aparecer uno de los efectos colaterales temidos, el turismo cannábico. Muy incipiente por cierto, pero de las consecuencias que se conocen aparecen las negativas, no las positivas proclamadas. En Argentina informaron de tours en Maldonado con degustaciones (“catas”) de marihuana. Buscan la forma de saltar la ley diciendo no que venden, sino que “convidan” a extranjeros, a quienes excluye la norma. Es verdad que la pelea con las organizaciones criminales no es sencilla y estas lograron infiltrar mucho nuestra comunidad, pero tan cierto como eso es que probar caminos improvisados, que permiten no la contención sino la expansión de la demanda agregándole cierto prestigio a sustancias que son veneno, fue un profundo error que aún sin quererlo es funcional a los criminales que se aprovechan de eso. Tan normal es que con otras drogas, como las sintéticas, el discurso oficial va dirigido a mitigar las consecuencias de su consumo y no en prevenirlo, señalando con claridad que matan. Otra cosa es el uso medicinal del Cannabis, donde se podría avanzar científicamente.

El presidente Vázquez en cada viaje da una conferencia advirtiendo que el tabaco enferma y mata, pero ni una sola mención a que la marihuana que legalizó su partido en el gobierno, también.

Javier García 

Close