Sendic es la táctica

El vicepresidente Raúl Sendic fue el orador en el acto oficial del 25 de agosto. Habló en nombre de todo el gobierno y en presencia del presidente de la República. En ese entorno, se permitió tocar un tema que lo tiene en falta ante los uruguayos: “Reafirmamos el compromiso con la educación de toda la sociedad, con la formación de capacidades, con la investigación científica”.

La pregunta no es si, desde el punto de vista institucional, Sendic puede hablar en nombre del gobierno. Desde luego que puede, porque es el vicepresidente en ejercicio. Nunca nadie puso eso en duda. La pregunta es qué significado político tiene el haberlo elegido, porque obviamente no se designó a sí mismo.

Raúl Sendic es hoy el político peor evaluado en las encuestas.

Eso se debe en parte a la ruinosa gestión de Ancap y en parte al papelón de su supuesta licenciatura. Sendic se presentó ante el país como licenciado y figuró repetidamente con ese título, cuando no con el de ingeniero. Después admitió que no lo era y dijo que jamás había pretendido serlo. Más tarde volvió a presentarse como licenciado y dio diferentes versiones sobre la duración de sus estudios. Hace medio año anunció que estaban por llegar los documentos probatorios desde Cuba. Los papeles nunca llegaron, pero sí llegó una alucinante explicación de la senadora Topolansky, quien sostuvo que una vez vio el título, que era “en una cuestión biológica” y que estaba a nombre de otro.

Cuando los uruguayos todavía se preguntaban por qué un niño mimado del régimen cubano estudiaría con nombre falso, cuando en todo lo demás usaba el verdadero, llegó la noticia de que no se había encontrado petróleo. Y entonces todos recordamos que Sendic había dado por seguro que había gas y petróleo, y se había jactado de escuchar a técnicos a los que nadie había hecho caso.

Si hay un personaje desacreditado en la política uruguaya, ese es Raúl Sendic. ¿Cómo entender que el gobierno lo haya elegido como portavoz, en lugar de recurrir, como es usual, a un ministro? Una explicación plausible es que está aplicando la vieja táctica de sostener las versiones oficiales sin conceder un milímetro, por más inverosímiles que sean y en especial cuando son inverosímiles. Lo que importa no es la verdad sino el blindaje político.

Cuando las cosas se ven de esta manera, lo de Sendic deja de ser un episodio para convertirse en una tendencia. Los uruguayos estamos cada vez más rodeados de explicacio-nes inauditas que se sostienen con cara de piedra. El ministro de economía dice sin sonrojarse que nadie podía prever el enfriamiento económico, cuando ese fue uno de los temas centrales de la última campaña electoral. Altas figuras del gobierno afirman que un refugiado sirio abandonó el país sin que nadie lo notara, pese a que su cara había salido en todos los medios, a que habla árabe y anda con muletas. Hasta hace poco el presidente Vázquez reunía a los expresidentes para discutir qué hacer con los recursos que generaría el petróleo, pero ahora se nos dice que todo está bien porque siempre se supo que la probabilidad de encontrarlo era de apenas el 14%.

Las cosas que se escuchan desde el gobierno suenan cada vez más difíciles de creer, pero se las presenta como si no hubiera nada que preguntarse. Es la táctica de quienes se sienten tan frágiles que temen que una pequeña fisura tire abajo el edificio.