Senador Javier García: “la creatividad recaudadora ya no tiene límites”

El senador del Partido Nacional criticó la propuesta del director nacional de Medio Ambiente, Alejandro Nario, de crear un impuesto a la basura.

 

 

 

Alas caras

La tragedia de Dolores y las inundaciones en varios departamentos despertaron solidaridades siempre latentes. Todos, de una u otra forma ayudaron. Se dispararon cientos de expresiones de la sociedad civil, especialmente de jóvenes, que prendieron fogones de ayuda juntando tanta ropa y alimentos que desbordaron las necesidades. Hubo una, sin embargo, que más que ayuda pareció una enorme cachetada a la razón y a la inteligencia: el avión de Alas U que trasladó a Durazno donaciones del Pit-Cnt.

Esa “vela prendida al socialismo” que según el inefable Mujica fue el Fondes, subsidió una experiencia riesgosa como es la de fundar una empresa aérea de bandera que absorbiera a algunos trabajadores de la ex Pluna. Uno de los rubros más competitivos comercialmente es el de las empresas de aviación. La batalla de las aerolíneas reserva ese mercado para poderosas empresas que compiten descarnadamente por líneas y frecuencias y en ese camino se asocian para ser más grandes y posicionarse mejor.

La historia de Alas U es bien conocida y su futuro incierto, también. Muchos millones de dólares puestos por los uruguayos en préstamos y varias extensiones del seguro de paro para cientos de trabajadores es el costo, por ahora. Era un desafío muy difícil y solo la tenacidad de sus funcionarios, que fue admirable, y las facilidades económicas y financieras que todos los uruguayos aportamos, su único soporte.

En el medio de las dificultades que Alas U tiene, el vuelo a Durazno de la pasada semana opera como una burla para todos. Es obvio que se intentó congraciar a la ciudadanía con ese gesto, pero el efecto fue exactamente el contrario. Nada justifica que para recorrer 180 km de distancia trasladando mercaderías donadas, se requiera poner un Boeing 737, gastando decenas de miles de dólares de una empresa que está muy comprometida y que nació por préstamos sociales (de la sociedad uruguaya) que nunca se saldarán.

Hay un límite entre la solidaridad y la tontería, y aquí se pasó. Para hacer el traslado alcanzaba con algún viaje de camión que por unos pesos cargara el gasoil y le diera un buen viático al chofer y unos acompañantes para en algún lugar de la ruta 5 se tomara un refresco, se alimentara y en dos horas estar en destino. El viaje en avión a Durazno es una burla que no solo no muestra solidaridad, sino que golpea en un país que ya vio derroches majestuosos en empresas públicas fundidas por la desidia, la politiquería, el amiguismo y la corrupción y ahora ve cómo le toman el pelo gastando innecesariamente decenas de miles de dólares, de una empresa subsidiada, para hacer lo que por unos pocos pesos se podría haber hecho en forma más racional y respetuosa de la gente.

La justificación de una aerolínea de bandera se debe hacer por la eficiencia en la administración de recursos y el buen servicio que le permita subsistir en un mundo muy competitivo. En definitiva, Alas U vuela por dinero público, el mismo que ahora hace falta para ayudar en la emergencia social y productiva por la que atraviesa buena parte del Uruguay. Gastar miles de dólares de ese dinero en un vuelo absolutamente injustificable, solo movido por razones políticas, es una enorme falta de respeto, por lo menos eso.

Ese vuelo fue una parodia de mal gusto en el medio de una ola de solidaridad anónima de miles de uruguayos, de la que sí hay que estar muy orgullosos.

 

Javier García

La droga mata

El título resume el camino final al que llevan las drogas. Alfredo Leuco, periodista argentino, lo usó esta semana y me parece gráfico. No hay que andar con mucha vuelta para decir algo que puede ser políticamente incorrecto pero científica y socialmente incontrovertible.

A muchos les quita la vida directamente, al contado, y a otros tantos se las quita en cuotas; los aleja, los aparta y los engaña, hasta que ya es tarde. Hablar contra las drogas, dicen los manuales de política práctica, es conservador. Lo “progresista” es ignorar que son un veneno letal y tener un discurso amigable hacia ellas. Lo que pasa es que proteger la vida, defender la salud, poner todos los recursos en atender la enfermedad que es la adicción y al que cae en ella, debería ser lo progresista y lavarse las manos y dejar que se mueran gurises por no decir las cosas por su nombre, es lo realmente reaccionario. Legitimar el arma que mata es de egoístas y de irresponsables.

El sábado pasado mataron a 5 jóvenes en Buenos Aires, uno era uruguayo. Los mataron con drogas sintéticas, de “diseño”. No son los primeros ni serán los últimos. Podían haber muerto aquí como otros lo han hecho, al contado y con porquerías que fabrican asesinos que ganan mucho dinero matando con sustancias. Hoy en Uruguay hay muchos a los que están matando en cuotas con esas mismas pastillas de droga sintética, que compran en sectores de buen poder adquisitivo o con otra porquería barata, hecha para los pobres, como la pasta base. El veneno es democrático. Todos vemos esto, sin embargo aquí el discurso políticamente correcto llevó a legalizar la marihuana, otra droga pesada que lastima y abre las puertas para otras sustancias, a pesar del buen marketing del que disfruta. El discurso oficialista y de moda fue legitimador, le bajó la percepción al terrible peligro de consumir.

La droga no recrea, la droga mata y no decirlo es asociarse por omisión a la muerte y dejar varados y sin ayuda a quienes las consumen. El silencio canchero o el afirmar que la droga por sí no mata es como gatillar un arma. Consumir es tan recreativo como jugar a la ruleta rusa con una pistola. La muerte no es un “accidente”, es inevitable, solo cuestión de tiempo.

En nuestro país con una pose seudoprogresista se mira con ojos simpáticos las manifestaciones de legalización, paradigma de algunos organismos internacionales y ONGs que lucran con esto.

Tolerancia Cero al alcohol con acierto para manejar, pero cuando proponemos lo mismo para la droga nos dicen que no se puede. Va en contra del discurso oficialista y simpático.

Hay que decir las cosas claras, no se puede mirar para el costado y dejar que el silencio se lleve a tantos chiquilines. Es con compromiso que se ayuda y no con silencio políticamente correcto, egoísta e hipócrita.

Lo que mata es la inmundicia letal que esos asesinos le dan a nuestros hijos y que se aprovecha del silencio de adultos que saben y no dicen nada y un discurso de moda con el paradigma de la legalización, que por quedar políticamente bien se calla. Se dice que la guerra a las drogas fracasó. Está a la vista que sí, por lo menos esta pelea que se dobla ante la tentación de hablar con palabras lindas que anuncian libertad pero terminan con ella, dejando a miles de jóvenes indefensos a la suerte de estos criminales. La droga mata y también el silencio y la hipocresía social y política.

 

Javier García

Sin rumbo

Muchas veces los análisis que se hacen y las expectativas que se crean de los hechos políticos están lejos de la realidad. Sobre la reunión del martes con el presidente por la inseguridad pasa algo de esto. Nuestra visión desde adentro es bien distinta a la que se divulgó estos días. La palabra la tiene Vázquez, no la oposición.

Fuimos convocados a iniciativa del presidente, no por convicción sino por necesidad. El agua le llegó al cuello en materia de reclamos populares por la inseguridad. No daba más. Desde el Partido Nacional fuimos con voluntad de diálogo pero sin muchas expectativas reales. Quien nos convoca, Vázquez, no tiene hoy el peso político ni la correlación de respaldos en su bancada para trasladar a hechos concretos sus compromisos con la oposición. El Vázquez de hoy no es el del 2005. Si se compromete en algo con los demás partidos no quiere decir que dentro de su interna le hagan caso. Ya pasó en otros temas y por lo tanto no tenemos garantías de que se cumplan los acuerdos.

Un ejemplo: sin ser la única medida, notoriamente hay que modificar la ley penal agravando penas que son de risa y que se prevén para delitos gravísimos. Dicen que los delincuentes no leen el Código Penal antes de delinquir, y yo creo que son chorros pero no estúpidos. Si matar puede ser excarcelable y además tengo salidas anticipadas y libertades transitorias a mansalva, un buen botín merece el riesgo. Si además a los que se agarran son muy pocos en comparación a los que delinquen, más aún. Esas y otras tantas modificaciones, también en la legislación del menor infractor y en el agravamiento de penas para el que trafica con drogas y abre bocas de pasta base. El FA ya adelantó que no quiere agravar penas porque está demostrado que no mejora la seguridad, dice con ideologismo. Sin embargo, la única ley que se votó durante el gobierno del Mujica aumentando penas en tráfico de pasta base, nunca se aplicó por no poder identificar técnicamente la sustancia. Así que no se puede decir que no funciona lo que nunca tuvo vigencia real.
A la mañana siguiente a la reunión, Bonomi salió a pegar duro. Quiere boicotear el acuerdo. No fue invitado a la reunión, y el solo hecho de la posibilidad de un acuerdo desnuda su incapacidad. No tiene otra explicación. Eso refuerza la idea que el presidente no garantiza los posibles acuerdos.

Cambiar el rumbo significa hacer lo que no se hizo hasta ahora, es decir recorrer caminos que reclama la oposición y el gobierno negó y desoyó. Para ponernos de acuerdo en lo que ya estamos de acuerdo no hace falta perder tiempo en reuniones en Presidencia. El gobierno manda sus proyectos y los analizamos como otros en el Parlamento. Cambiar el rumbo es primero que nada tener uno y no la deriva y el bolazo que imprimieron Bonomi y Vázquez, el hermano. Cambiar el rumbo es que el gobierno dentro de unos días, cuando nos reunamos, empiece contestando cuáles son los proyectos y propuestas de la oposición que va a llevar adelante, de esos que antes rechazó. Es el gobierno quien tiene la palabra, no nosotros. La posibilidad de llegar a un acuerdo pasa porque el gobierno sea el que cambie, es él el que equivocó caminos, y además es el responsable de gobernar. Nosotros aportamos ideas para mejorar, ahora la pelota está en la casa del vecino.

Si no acepta, las crónicas podrán decir que no sólo no hubo foto, sino que todo fue un cuento.

Javier Garcia

¡El avión, el avión!

Hace algunos años, bastantes, había una serie televisiva dominical que se llamaba “La isla de la fantasía”. Comenzaba con un vigía que desde tierra divisaba la llegada de los visitantes cuando veía acercarse el avión que los trasladaba, y avisaba su llegada gritando lo del título. La Torre Ejecutiva de nuestra presidencia parece la Isla de la Fantasía, se pasa gritando “el avión, el avión”.

En Argentina el empresario “derechista” Macri, desde que asumió la presidencia, se traslada en sus vuelos oficiales en aerolíneas comerciales sin que se mengüe su dignidad, parece. Aquí el presidente “izquierdista” insiste con comprarse un avión para sus traslados. En estos momentos gastar dinero público en eso es absolutamente frívolo, además de injustificable. No es un tema de montos, sino de señales y ejemplos políticos que deben darse desde arriba hacia abajo. De paso decimos que solo se puede justificar el precio de un aparato que dentro de cinco años será chatarra, tiene 40 de antigüedad, en el favor que se le quiere hacer a un empresario amigo de la presidencia, que casualmente al día siguiente de que asumiera Vázquez, el 2 de marzo del 2015, le envió una carta ofreciéndole la venta de su avión. Un visionario el empresario. Se va a gastar el monto equivalente al costo de construir una escuela para comprar un avión que en el mercado cuesta por lo menos la mitad de lo que se va a pagar. Esto es sobreprecio por definición. Alcanza con recorrer las páginas especializadas de internet para conocer el precio de mercado.

Además, en esas coincidencias que no son tales, una vez que el Tribunal de Cuentas objetó la compra directa de este avión hace nueve meses, la presidencia mandó hacer una licitación con unas bases que coincidían exactamente con las características del mismo aparato. El presidente va a comprar un avión de 40 años de antigüedad, a un precio del doble de lo que cuesta y que va a ser chapa y fierro dentro de poco tiempo. El amigo empresario fue tan gentil que además le prestó dos veces la aeronave al presidente para que diera una vueltita, aquello de pruébelo y si le gusta se lo queda. No es serio y es una espantosa señal.

Mucho peor por el momento en que se hace. Esta semana el ministro Astori anunció el control estricto del gasto público. La mano económica viene mal. El déficit fiscal se acerca al 4% ajustado, un punto más de lo previsto por Economía, que además proyectaba bajarlo este año y aumentó. El país se estancó y el gobierno procesa un ajuste fiscal desembozado a través de las tarifas, de las restricciones de la inversión pública y de un aumento progresivo de varios impuestos. El trabajo se deteriora por su cantidad y por su calidad, y mientras tanto el ejemplo desde arriba no es de austeridad sino de frivolidad. Y tampoco es transparente, esta compra es sospechosa porque de cristalina no tiene nada.

Gastar un millón y pico de dólares puede ser poco para algunos o mucho para otros, depende del destino y de las prioridades del país. ¿Es esta una prioridad en este momento? ¿Es la señal que corresponde? Se le pide a la población ajustar los cinturones y el presidente quiere ajustarse el de un avión privado.

Siempre, pero mucho más cuando las papas queman y el gobierno pide sacrificios al pueblo, hay que acordarse de aquello que aprendimos en nuestra casa: para que haya regocijo abajo, debe haber dignidad arriba.

 

Javier García

Alcanza que sea uno

Acostumbrados a ver actos terroristas donde mueren decenas y hasta cientos de personas, parece que lo de Paysandú es simplemente un asesinato de menor escala protagonizado por un demente. La teoría es que el asesino es un loco suelto.

Si fuera por la cordura seguramente no habría actos terroristas porque para ponerse un cinturón de explosivos e inmolarse matando, hay que estar muy enfermo. Es el mismo fanatismo ciego y descabellado que impulsa a otro puñal en mano a cubrir de dolor y sangre a una familia en Paysandú.

El asesinato de David Fremd fue un acto terrorista y antisemita. No hay que tener medias tintas para repudiarlo por lo que fue. Cierta sensibilidad selectiva uruguaya se comprueba cuando llenamos los medios y las redes de manifestaciones de censura ante cualquier discriminación. Sin embargo para algunos censurar públicamente este extremo de la discriminación parece que “quemara”; basta ver las redes sociales para constatar cómo el antijudaísmo es mucho más profundo que lo que reconocemos. Enseguida la comparación: eso es porque es judío, si fuera musulmán seguro no censuraban, si fuera… si fuera. El tema no es si fuera, es lo que es. Violencia y discriminación de género, racial, religiosa, todas, son la misma lacra.

En 2015 la comisión de Seguridad Pública del Senado analizó con el Ministerio de Interior la eventualidad que existieran aquí atentados de ese tenor. En junio fue por la aparición de artefactos que simulaban explosivos cerca de la embajada de Israel, y en noviembre en sesión secreta luego de los atentados en Francia. Era una hipótesis que se debía prever. Nos llamó la atención la primera vez la poca preocupación del ministro al respecto. Con respecto a la segunda su carácter me impide hacer comentarios.

Lo que sí son públicas y pasaron desapercibido fueron las expresiones la semana pasada de uno de los ex presos de Guantánamo que vive en Uruguay y confesó su agrado por Al Qaeda y justificó sus atentados.

En Argentina nadie pensaba que fundamentalistas estallarían la embajada israelí. Y menos pensaban que tiempo después matarían más en la AMIA, a media hora de aquí. El fiscal Nisman determinó que esos asesinos organizaron el aten-tado a la mutual desde una casa de la calle Rivera en Montevideo, a cuadras de esta computadora. Los terroristas es- taban entre nosotros pero en esa circunstancia decidieron poner las bombas enfrente. El terrorista de Paysandú decidió, en esta oportunidad, atacar aquí. Están unidos por el mismo odio.

El Frente Amplio impidió con su mayoría en la Cámara de Diputados tratar este tema. Pusieron excusas formales para justificar su falta de voluntad política en expresar un repudio claro. No lo admitirán, pero es parte de la doble moral para censurar estos actos. Hay otras cosas infinitamente menores para las que sí proponen debates. Dentro de las hipocresías de la izquierda está la de repudiar algunas discriminaciones, pero no este extremo. Se escandalizan hasta el paroxismo si alguien dice “negro”, pero evitan repudiar el asesinato de un uruguayo judío.

Estos odios siempre existieron, pero estábamos libres de que asesinaran. Un terrorista alcanza para matar a uno o a decenas, basta que lo quiera. Por eso esto no se mide por cantidad de víctimas sino por lo que busca: el terror a aquel que piensa o reza diferente. Desgraciadamente nos llegó y nos es solo un loco suelto.

Javier García

Inquisición criolla

El diputado Gerardo Amarilla asumió la presidencia de la Cámara de Representantes porque antes fue electo diputado por su pueblo, en forma libre y consciente. Lo conocen y por eso lo eligieron, y nuestro partido, que se fundó en defensa de la ley, lo propuso para esa responsabilidad. Está formado en el Derecho, además, pero tiene otro aditamento y es que siendo muy joven se comprometió con la libertad y la Constitución a tal punto que la lucha contra la dictadura lo tuvo en primera fila, mientras alguno de sus críticos de hoy disfrutaban de sus mieles. Amarilla tiene fe cristiana y practica los ritos de su espiritualidad evangelista, lo hace en su vida privada, sin molestar a nadie y en uso de su derecho y convicción.

Para la nación artiguista la libertad religiosa es un derecho inalienable que el Jefe reconoció y ordenó a sus representantes defender. Recordemos las Instrucciones del Año XIII: “Se promoverá la libertad civil y religiosa en toda la extensión imaginable”.

Esta semana pasó algo muy particular: la condición religiosa de nuestro compañero fue tema de debate y además cuestionada por algunos dentro y fuera del Parlamento, casi como incompatible con su responsabilidad. Es más, hizo que un legislador no lo votara y que muchos hablaran de él en términos peyorativos. Uruguay, en términos de discriminación, retrocedió varios casilleros esta semana, porque Amarilla fue discriminado por su fe. Todos los años se vota presidente en la Cámara, sin embargo es la primera vez que recuerdo que alguien haya sido objetado por su religión, al punto de declararla incompatible.

Seguramente en la historia legislativa hayan pasado por esa investidura personas de toda condición política, religiosa, profesional, sexual, filosófica, y de las que se les ocurra. La novedad es que en esta oportunidad el elegido expresa públicamente su credo evangelista. ¿Eso es una tacha? Para algunos sí. Es decir que es criticado por lo que cree, no por lo que efectivamente hizo en el cargo. Es tal el fanatismo laicista que fue censurado sin haber asumido, es decir por lo que se supone pueden ser de negativas sus creencias para el buen desempeño del cuerpo.

Militantemente, un laicismo fundamentalista y discriminador impregna a algunos círculos en el Uruguay. Tiene una predilección por aquellos que profesan las religiones cristianas, por algo se empieza. Estos nuevos cruzados combaten la laicidad que por definición no excluye ni discrimina, integra a todos. Para que exista laicidad debe inexorablemente haber libertad. El Estado es laico porque el país es libre. Cuando falta la libertad, desde el poder se impone un credo uniforme que autoriza o no la expresión de las ideas; se las persigue y se llega a matar, como vivimos aquí también, a quien piensa diferente a ese poder. Pasa, desgraciadamente, desde el inicio de la humanidad. La laicidad es una garantía y una expresión de la vigencia plena de los derechos humanos. El laicismo es la antítesis, es irracional y fanático, y es violador de los derechos individuales.

Ser liberal en serio no es fácil, hay que dedicar mucho tiempo a defender un pluralismo inclusivo que nos desafía a ser mejores y a buscar la verdad en el otro. Incluso, como decía Wilson, “a defender primero la libertad de aquel otro que si estuviera en nuestro lugar, negaría nuestra propia libertad”.

Y vaya que lo intentan.

 

Javier García

¿Qué Estado?

La vieja discusión sobre la participación del Estado en la vida de la sociedad está lejos de saldarse. Dentro de cada partido, de todos, hay matices, desde los que defienden la mayor injerencia hasta los más abstencionistas.

La realidad, sin embargo, es mucho más tozuda que la ideología y como quien no quiere la cosa, en un gobierno de fuerte impronta intervencionista, el Estado no cumple con aquellas misiones primarias que sólo los más liberales le adjudicaban. El Estado no es hoy, siquiera, “juez y gendarme”. Sí le reservaron una fuerte intromisión policíaca en la vida de las personas con fines recaudatorios y de espionaje personal. Hoy desde un despacho de la DGI se puede saber hasta la marca de harina que usa para las tortas, el supermercado que se la vendió, o el talle de los championes que le compró a su hijo, los litros de nafta que puso en el auto y los minutos que paga de celular.

Pero también sabe lo que habló por ese celular, porque para eso el Ministerio del Interior tiene al famoso “Guardián” que escucha todo: a los delincuentes, a los narcos cuando lo manda la Justicia, pero también si quiere a usted. O alguien es tan iluso que confía en estas autoridades que están, entre otros, guiados por un expresidente que habla de la vida privada de políticos de su partido y lo usa políticamente en forma pornográfica. Para muchos de los jerarcas de gobierno formados entre conspiraciones y operativos de inteligencia, el poder en la política se logra con información privilegiada, que sirve para decidir y chantajear. No hay límite.

La desprotección es mucho más que inseguridad pública, es estar vigilado y seguido, con un Estado policíaco más preocupado en la intimidad de las personas que en protegerlo para que viva en paz y libertad sin otro límite que hacerlo dentro de la ley.

La desprotección es también el Estado averiado y herido en su misión esencial de impartir Justicia. No es gendarme porque, a pesar de tenerlos, la batalla de la seguridad la vienen ganando los criminales ante la incapacidad estatal para enfrentarlos. Los chorros ahora también entran a robar en comisarías vacías. Y el gobierno por razones políticas estrangula a la Justicia económicamente. Cree que embroma a los jueces, que les gana la pulseada. Es tan chico de intenciones que no se da cuenta que el que sufre la ausencia de la Justicia, su lentitud y carencias, es el más pobre porque el que tiene dinero se resuelve por las suyas. La madre que espera una pensión alimenticia, el trabajador en su litigio laboral, la mujer violentada, esos son los que sufren una Justicia estrangulada por el FA.

Ni que hablar de la desprotección del comerciante, del profesional, del productor, para quien el Estado es nada más que su policía fiscal, al que solo le interesa cobrarle para pagar sus gastos necesarios y los escandalosos como la corrupción de Ancap. Para estos el Estado es el inspector cuando no el verdugo. Los tamberos, por ejemplo, sufren la desprotección de un Estado que los hizo meterse hasta el caracú para darles “oxígeno puro”, como dijo Vázquez y los clavó con Venezuela.

El viejo debate choca con la realidad. Del “Estado de bienestar” al actual de malestar con el Estado. Los neosocialistas disfrutan de un Estado chusma y recaudador para despilfarros, mientras los uruguayos reclamamos un Estado que cuide a su gente o por lo menos que no la lastime más.

Javier García

Epidemia de chambones

Una verdad dicha fuera de tiempo, repite un amigo, es una herejía. Una mentira repetida muchas veces, no es una verdad: es una mentira, y si el que la dice además se la cree, ya entramos en el campo de la psiquiatría.

El ministro diagnosticador, Bonomi, nos informó en entrevista de “Búsqueda” que la “epidemia de delincuencia está controlada”. La afirmación es toda una revelación de falta de contacto con la realidad, un desvarío. Eso solo se puede afirmar si se vive encerrado en el despacho y rodeado de guardaespaldas. En otras circunstancias se la podría entender como un acto de fe de quien, cumplidos seis años como ministro de Interior, recauda los peores índices de violencia desde la recuperación democrática. Todo un récord que justificaría su despido. Pero eso es el mundo real, no el que habita Bonomi.

Las afirmaciones discutibles invitan al esfuerzo intelectual, al debate, a encontrar el argumento y convencer. Es todo un acto docente y es tarea que merece atención. Obviamente no es el caso, y menos la oportunidad. Apenas cuatro días después de ajusticiamientos propios de las series televisivas de la vida del narco colombiano Pablo Escobar y no del apacible Uruguay, sostener que la delincuencia está controlada es de locos o de chambones profesionales. Se contestó él mismo en la Comisión Permanente cuando la semana pasada reveló que las rapiñas siguen aumentando, el año pasado 4,5%, y los homicidios 8%. Eso es parte de una rutina desgraciada, que no necesita prueba porque es confesión del propio jerarca incapaz de contenerlas. Pero además golpea a los ojos la nueva realidad de un Uruguay que se inundó de narcos, chicos, medianos y grandes, que sienten impunidad. El caso de una muchacha que sale caminando con sus amigos y es asesinada por criminales como efecto colateral de su matanza, no parece ser el de un país donde la epidemia de la delincuencia está controlada. Y el de un bebé que en las mismas circunstancias es asesinado el fin de semana anterior, sí es la imagen aberrante de un país donde delincuentes muy pesados decidieron operar. Además, en el país donde la “epidemia de delincuencia está controlada” entran a cuarteles a robar y hieren a soldados.

El Fiscal de Corte dijo en el mismo semanario que debe enfocarse la persecución del delito mayorista y más importante, no de la “bagatela”, en coincidencia con el oficialismo sobre este y otros temas, y en un discurso político que no es aconsejable para quien debe dar garantías a todos y más en días previos a denuncias que involucrarán al oficialismo.

El problema de inseguridad es que aumentó lo chico y apareció lo inmenso, porque el clima no es de epidemia controlada, es decir de tranquilidad social, sino de alarma social por la inseguridad y de epidemia descontrolada.

Uruguay vio crecer en los últimos años un ambiente de multiplicación de violencia en cantidad y en agresividad y los delincuentes aprecian un gobierno que gasta más tiempo en pegarle a la oposición que en pegarle a ellos.

Con Bonomi y su equipo, entre ellos el hermano del presidente, los narcos han progresado en logística, en acciones y en terror y muerte. Las bandas criminales tienen más poder. Es una epidemia letal. El presidente Vázquez los va a tener que sacar, tarde o temprano y si es tarde va a ser peor para él y peor para todos. Porque a esta altura, sí que es un problema de personas y de incapaces.

Javier García

Senador Javier García realizó un pedido de informes al Ministerio del Interior y al de Defensa por los intentos de robos a los cuarteles militares.

Javier García señaló que además de los casos más recientes de intentos de robo a cuarteles, “en varias oportunidades armas de fuego que fueron robadas a la Policía y a las Fuerzas Armadas fueron utilizadas por el crimen organizado, o por delincuentes comunes, en la comisión de delitos”. “Se informa por parte de las autoridades que estos robos pueden tener como objetivo, también, su venta a organizaciones criminales del exterior participando de un lucrativo mercado negro. Estamos hablando de armas largas como los fusiles de asalto y también de armas cortas”, agregó el senador.

“A nuestro entender es de gran importancia cuantificar el fenómeno, porque en definitiva estamos hablando de un delito grave que tiene por objetivo perpetrar delitos violentos y abastecer a organizaciones criminales de poderosas armas letales. Conocer la magnitud del problema, saliendo del conocimiento puntual y aislado, es algo absolutamente fundamental para tomar las medidas de prevención, evaluar la eficacia de las mismas y cortar esta eventual forma de abastecimiento de armas por parte del crimen organizado”, prosiguió.

Con ese objetivo realizó un mismo pedido de informes a Defensa e Interior, que copiamos completo a continuación.

 

Presidente de la Cámara de Senadores

Lic. Raúl Sendic

Presente

De acuerdo con el artículo 118 de la Constitución de la República, solicito a usted dar curso al siguiente pedido de informes al Ministerio del Interior referido al robo de armas en sus dependencias.

Además de los casos más recientes, en varias oportunidades armas de fuego que fueron robadas a la Policía y a las Fuerzas Armadas fueron utilizadas por el crimen organizado, o por delincuentes comunes, en la comisión de delitos. Se informa por parte de las autoridades que estos robos pueden tener como objetivo, también, su venta a organizaciones criminales del exterior participando de un lucrativo mercado negro. Estamos hablando de armas largas como los fusiles de asalto y también de armas cortas.

A nuestro entender es de gran importancia cuantificar el fenómeno, porque en definitiva estamos hablando de un delito grave que tiene por objetivo perpetrar delitos violentos y abastecer a organizaciones criminales de poderosas armas letales. Conocer la magnitud del problema, saliendo del conocimiento puntual y aislado, es algo absolutamente fundamental para tomar las medidas de prevención, evaluar la eficacia de las mismas y cortar esta eventual forma de abastecimiento de armas por parte del crimen organizado.

Por eso solicitamos se nos informe por parte del Ministerio del Interior y de sus organismos competentes:

1) Cantidad de armas robadas o denunciadas como perdidas, tanto de arsenales como a efectivos individualmente, en la Policía Nacional o en las Fuerzas Armadas, en los últimos tres años (desglosar por año).

2) Informar lo solicitado en (1) detallando entre armas cortas y largas y sus respectivos calibres.

3) Informar de cualquier otro tipo de armamento robado, o denunciado como perdido y sus características.

4) Informar de cantidad de armas recuperadas en ese período.

5) Informar cantidad de personal sancionado y/o procesado, y aquel que haya sido dado de baja vinculado a estos robos.

6) Informar si desde países limítrofes, Brasil o Argentina, se ha reportado por sus autoridades la aparición de armas robadas a nuestras fuerzas de seguridad. Especificar los casos.

Sin otro particular saluda a usted muy atentamente

 

Dr. Javier García Duchini

Senador

 

Fuente: Montevideo Portal