Cambios en el MEC

A media tarde de ayer, la ministra María Julia Muñoz anunció quién será la persona que suceda al sociólogo Fernando Filgueira en la subsecretaría del Ministerio de Educación y Cultura. Se trata de Edith Moraes, una vieja conocida de quienes están familiarizados con el ambiente educativo.

El tiempo dirá si se trata de una buena o una mala elección, pero hay al menos dos cosas que pueden decirse ya. En primer lugar, el gobierno vuelve a apostar a la endogamia. Para sustituir a Filgueira, que es un universitario con trayectoria internacional, se opta por una maestra, ex directora e inspectora, que fue directora general de Primaria (2005-2010) y también directora general de formación docente (2010-2015).

Se trata de una señal fuerte porque, en lugar de conseguir que los representantes de los ciudadanos, a través del MEC, tengan una mayor incidencia sobre lo que ocurre en ANEP, lo que se está consolidando es la colonización del MEC por parte de ANEP. De hecho, la designación de Moraes parece ser uno más de los enroques realizados entre habitantes de la “galaxia ANEP”: Javier Landoni del Codicen a Secundaria, Laura Motta de formación docente al Codicen Héctor Florit de director general a consejero de Primaria, y algún caso más. La señal es fuerte también en otro sentido: Edith Moraes viene de desempeñarse como directora general de lo que ahora se llama “Consejo de Formación en Educación”, que es el nuevo nombre complicado (porque la tendencia es a complicar los nombres) de lo que antes se llamaba “formación docente”. Y ocurre que la formación docente es una de las áreas de nuestra enseñanza que más se ha deteriorado desde la llegada del Frente Amplio al gobierno.

Para tener una idea del tamaño del problema, téngase en cuenta que en el año 2005 (es decir, el primer año del primer gobierno de Vázquez) egresaron de los centros de formación docente 1.414 nuevos maestros de educación primaria. En el año 2010 (es decir, cuando la banda presidencial pasó de Vázquez a Mujica) esa cifra había caído a 683, es decir, menos de la mitad. Desde entonces ha tenido oscilaciones, pero nunca se ha recuperado. Las cosas son apenas un poco mejores en el caso de los docentes para la enseñanza media. Ciertamente no es razonable culpar a Moraes del desastre ocurrido en formación docente. La peor caída no ocurre durante su período, sino en el anterior. Pero lo cierto es que ella no fue capaz de revertirlo. Por ejemplo, el año antes de que asumiera, en 2009, se graduaron 709 nuevos maestros. En el año 2013, cuando iba en su cuarto año como directora general, egresaron 712. Independientemente de las responsabilidades personales que le quepan a la nueva subsecretaria, el gobierno vuelve a mostrar una total indiferencia hacia la calidad de su propia gestión. Trátese de Ancap, de Pluna, del combate al delito o de la enseñanza, nadie es llamado a responsabilidad por sus errores, ni nadie paga costos políticos por una gestión que no da resultados. No hay rendición de cuentas ante la sociedad ni voluntad de corregir. Mucho menos de admitir fracasos.

La promoción a subsecretaria del MEC de quien presidió el Consejo que ha tenido peores resultados en los últimos años es, más allá del caso concreto, la confirmación de una mentalidad que ha terminado por dominar a la fuerza política que nos gobierna. Los costos los pagan los ciudadanos.

Pablo Da Silveira

Apoyo crítico. Editorial del doctor en filosofía y experto en educación Pablo Da Silveira.

Después de haber hecho casi todo mal, parecería que las autoridades educativas terminaron por tomar la decisión correcta: en las últimas horas, se confirmó que la elección de horas de docencia directa que empieza esta semana, tendrá efectos por más de un año para los docentes de grados altos. O al menos, eso parece al día de hoy. Porque, al mismo tiempo que anunciaron esta decisión, las autoridades abrieron una futura instancia de negociación en la que corren el riesgo de retroceder varios pasos. La resolución de Secundaria está fechada el 3 de noviembre, es decir, el mismo día que el senador Lacalle Pou proponía en conferencia de prensa una serie de medidas relativas a la elección de horas. La coincidencia es muy curiosa porque implica que, el mismo día que Luis Lacalle Pou hizo la conferencia de prensa, el Consejo de Secundaria sesionó, aprobó la resolución, convocó a los sindicatos y les comunicó la noticia.

Todo muy raro. Pero, aun suponiendo que así ocurrieron las cosas, el Consejo de Secundaria no tiene potestades para poner en vigencia su propia medida. Para que efectivamente entre en vigor, la resolución debe ser homologada por el órgano del que depende jerárquicamente, es decir, el Codicen. Y esa homologación está fechada el 4 de noviembre. Quiere decir que la profesora Celsa Puente faltó a la verdad cuando dijo que Lacalle Pou estaba proponiendo medidas que ya se estaban aplicando.

Las autoridades de Secundaria erraron en eso y en mucho más. Tras sostener durante largo tiempo que no tomarían medidas importantes sin discutirlas y consensuarlas con los actores educativos, a última hora cambiaron las reglas de juego y bajaron un verticalazo. Tenían todas las potestades para hacerlo, pero estaban yendo contra las expectativas y hábitos que ellas mismas habían creado. La medida tampoco fue debidamente comunicada, de modo que no sólo los dirigentes sindicales, sino también muchos directores y especialmente los docentes que tienen que elegir horas, se sintieron pésimamente tratados. Todo esto traerá cuotas de conflictividad innecesarias, cuyos costos serán pagados por los alumnos.

¿Es una buena noticia lo que pasó? Si la decisión de las autoridades de Secundaria no se complementa con otras medidas, como las propuestas por Lacalle Pou, sus efectos serán modestos. Pero hay dos cambios importantes. El primero es haber reinstalado el principio de que la elección de horas puede tener efectos que vayan más allá del año. El segundo es que las autoridades recuperaron al menos parte de la capacidad de mando que ellas mismas habían resignado.

Al mismo tiempo que daban estos pasos importantes, las autoridades de Secundaria cometían otro grave error. Justo cuando abrían un frente de conflicto con los sindicatos, por la vía de absurdos ataques verbales generaron otro con la oposición. Cuando más necesitaban el apoyo del sistema político, se dedicaron a erosionarlo. Pero la oposición haría política menor si se limitara a recordar ofensas o a explotar políticamente la indignación generada por el mal procedimiento. Aquí hay que concentrarse en el problema de fondo y recordar que en el centro de todo están los alumnos. El camino es dar apoyo crítico a esta medida, exigir a las autoridades que resistan las múltiples formas de presión que ya comienzan y pedirles medidas complementarias que aumenten el impacto de lo decidido.

Pablo Da Silveira

Criticar y aportar.

El segundo gobierno del presidente Vázquez está resultando muy errático, pero en pocas áreas parece tan falto de rumbo como en la enseñanza.

Durante la campaña electoral, Vázquez prometió que cambiaría el ADN de la educación. Apenas electo, constituyó un equipo que sería el encargado de hacerlo y lo colocó en la cúpula del MEC. Los nombres más visibles eran los de la ministra María Julia Muñoz, el subsecretario Fernando Filgueira y el Director de Educación Juan Pedro Mir. Sólo que también decidió mantener casi intacta la antigua cúpula de ANEP, integrada por personas que globalmente representan el inmovilismo y que, en varios casos notorios, no responden políticamente al presidente Vázquez sino a su antecesor.

En los meses siguientes, la ministra Muñoz intentó alimentar la ficción de que esos núcleos venían trabajando armónicamente, hasta el punto de que no había dos equipos sino uno. Pero la gente bien informada sabía que no era cierto. Las tensiones eran constantes y ambos bandos dedicaban lo mejor de sus esfuerzos a neutralizar al otro. Eso es parte de lo que explica que tanto el Poder Ejecutivo como ANEP hayan presentado proyectos de presupuesto en los que no aparece nada parecido a un plan transformador.

Así las cosas, las tensiones aumentaron hasta que todo estalló: unas declaraciones imprudentes de Mir condujeron a su destitución y a la inmediata renuncia de Filgueira. Esto último fue un gesto digno en un país en el que nos hemos acostumbrado a gobiernos en los que nadie renuncia. Pero los dos hechos significaron en conjunto la eliminación del único foco transformador que existía en todo el gobierno de la educación.

Las señales transmitidas desde entonces son preocupantes. Por una parte, el puesto de Mir fue ocupado por una persona cuyo único antecedente conocido es haber sido una estrecha colaboradora de la consejera Laura Motta. Esto sugiere mucha proximidad entre la ministra Muñoz y una consejera que encarna los reflejos más conservadores e inmovilistas del sistema educativo. Por otra parte, la propia ministra Muñoz ha empezado a descafeinar su discurso transformador. Según sus declaraciones más recientes, algo tan tradicional como inaugurar escuelas formaría parte del cambio de ADN educativo.

A ocho meses de iniciado el segundo gobierno de Vázquez, los transformadores perdieron y los conservadores son dueños del terreno. La mesa está servida para otro quinquenio sin cambios en la educación, lo que sumaría quince años de empantanamiento.

En este contexto, la oposición podría limitarse a denunciar cómo se va consolidando la parálisis, lo que le daría cuatro años de hacerle pagar costos al gobierno. Pero el problema es que no sólo el gobierno sufriría daños. Los peores costos los pagarían miles y miles de uruguayos que necesitan cuanto antes una educación de calidad para tener una vida con horizontes.

De modo que la oposición sería irresponsable si se limitara a esperar y criticar. Su desafío es empujar al gobierno a hacer las cosas que no quiere hacer. Eso requiere una combinación de crítica, propuesta y exigencia, sin buscar cargos ni caer en la trampa de acuerdos declarativos. La tarea es buscar resultados sin confundirse con el gobierno.

Si se consolidan quince años de parálisis, la responsabilidad histórica será del Frente Amplio. Pero la oposición debe hacer todo lo posible para impedirlo.

 

Pablo Da Silveira

Entrevista al doctor en filosofía y experto en educación Pablo Da Silveira en Desayunos Informales

 

El doctor en filosofía y experto en educación, Pablo Da Silveira, señaló que “estamos en el peor escenario que podíamos haber imaginado un año o seis meses atrás. Estamos viendo naufragar el único punto por intentar hacer algo nuevo. Esto no es simplemente dos personas que salen del Ministerio, son los dos abanderados del cambio educativo del presidente Vázquez. Los que quedan son los abanderados del inmovilismo. Los grandes responsables del drama educativo que tenemos siguen al timón”.

Para Da Silveira, los cambios precisan de distintas condiciones: voluntad política, un rumbo claro y gente alineada, lo cual no se está produciendo en este caso. “Al frente de la ANEP quedó como presidente del Codicen el mismo que estaba en el  gobierno anterior, al frente de Secundaria lo mismo, eso es como fabricar una bicicleta de una sola rueda, no puede andar. En la ANEP es donde realmente se hacen las cosas y la gente que quedó al frente de la ANEP es la que no quiere que se hagan las cosas”, agregó.

Quien fuera el coordinador programático del Partido Nacional en las elecciones pasadas, también dijo que estamos “ante una bifurcación de caminos que tal vez sea la más importante que tenga el gobierno en los cinco años. Un camino posible es que sigan los que están en ANEP, sigue la ministra, se ponen dos docentes que refuercen esa tendencia muy endogámica, eso significa que vamos a pasar cinco años mas sin cambiar nada, que pasarán a ser quince años en los que no se toma una decisión en la educación. El otro camino es que Vázquez ejerza liderazgo, que acepte que es una crisis grande, que lo que intentó hacer en la educación en los primeros meses no funcionó, y que salga a hablar con la oposición”.

Da Silveira también se refirió a los dichos de María Julia Muñoz de que con la salida de Mir y Filgueira “el país no pierde nada”. Dijo que no sabe “en qué planeta vive” y subrayó que somos uno de los países de América Latina con la menor tasa de egreso en secundaria. “Estamos teniendo un problema horrible de degradación en los sistemas de estudio, y todo eso cada vez con más plata. ¿Qué más tiene que pasar para que la ministra diga que hay que encender la alarma? ¿Vamos a seguir castigando a los más débiles?”, se preguntó.

Por último expresó que está seguro que la oposición está dispuesta a hablar con la responsabilidad, pero que la iniciativa la debe tener el presidente Tabaré Vázquez: “él tiene que elegir si vamos hacia 15 años de parálisis o hacia un cambio en serio”.

 

Fuente: Teledoce

Uruguay en PISA

En el año 2003 Uruguay participó por primera vez en las pruebas PISA. Los resultados fueron mixtos. Por un lado, los estudiantes uruguayos fueron los que mejor puntuaron en América Latina (ese año sólo participaron Brasil y México, pero también era posible comparar con Argentina, Chile y Perú, que no participaron en 2003 pero lo habían hecho en el año 2000). Por otra parte, América Latina quedó muy mal ubicada frente al resto del mundo. Los uruguayos éramos los mejores del barrio, pero al barrio le había ido muy mal.

Desde entonces hasta hoy hubo mediciones en 2006, 2009 y 2012. En todas ellas participó Uruguay. Chile y Argentina reingresaron en 2006 y Perú lo hizo en 2009. En 2006 se sumó Colombia.

¿Qué pasó a lo largo de estos años? En primer lugar, América Latina siguió muy lejos de los países con mejores resultados educativos. En segundo lugar, y pese a lo anterior, la región siguió una tendencia a mejorar respecto de sí misma.

Pero Uruguay fue a contramano de sus vecinos. Somos el único país de la región donde los resultados de la última medición son peores en todas las pruebas a los resultados de la primera. El área en la que nos fue menos mal es matemáticas. En esa prueba específica, los estudiantes uruguayos tuvieron en promedio 422 puntos en 2003, que mejoró a 427 puntos en 2006. En la edición de 2009 se repitió ese valor, pero en 2012 caímos a 409 puntos. Quiere decir que Uruguay perdió 13 puntos en matemáticas entre 2003 y 2012. Eso es lo menos malo que nos pasó. Sólo que, en ese mismo período, el promedio de América Latina en matemáticas subió de 388 a 397 puntos.

La edición 2012 introdujo algunas oscilaciones. Si se promedian los resultados de las tres pruebas, sólo Perú mejoró respecto de la edición anterior. Cuatro países (Chile, México, Uruguay y Colombia) tuvieron caídas de diferente magnitud. Brasil y Argentina se mantuvieron. Pero nada de esto implica un cambio de tendencia.

Las caídas de Chile y México son tan pequeñas que los analistas no hablan de retroceso sino de estancamiento. Colombia cae un poco más. Pero el país que pierde más puntos entre 2009 y 2012 vuelve a ser Uruguay.

En todos los países menos Uruguay y Argentina, el promedio general de 2012 es superior al de 2003 (o la fecha que más se aproxime). Argentina, más allá de oscilaciones, está estancada: su promedio general de 2012 es casi idéntico al de 2003. Uruguay es el único país que tiene un promedio general claramente inferior al de todas las mediciones anteriores.

Para cualquier estudiante de sociología mínimamente acostumbrado a mirar números, Uruguay es el único país de la región que exhibe una tendencia a la baja. Es imposible nombrar a otro. Por eso ya no es el mejor del barrio. Ahora Chile lo supera en las tres pruebas y México en dos (matemática y lectura). Además hay un empate con Brasil en lectura y con México en ciencias. Y los demás países vienen acortando distancias.

Hay, sin embargo, quienes prefieren negarlo. Y para eso recurren a maniobras como comparar únicamente los resultados de las dos últimas mediciones (es decir, atender a las oscilaciones de corto plazo en lugar de mirar la tendencia). Y lo peor es que lo hacen al mismo tiempo que se erigen en jueces de la verdad y en árbitros de la objetividad ajena.

Cada uno sacará sus conclusiones acerca de a qué están jugando.

Pablo Da Silveira

Pablo Da Silveira sobre la educación: “Estamos en una situación de empantanamiento terrible”

Las opiniones que tiene Pablo Da Silveira del estado actual de la educación pública pueden alinearse en una frase que dijo este viernes en diálogo con El Observador TV: “Estamos empantanados”. El profesor de filosofía política de la Universidad Católica y uno de los directores del nuevo Centro de Estudios del Partido Nacional señaló que “no queda la menor duda que los problemas (en la educación) están todos hiperdiagnosticados”, al tiempo que habló del “poco peso” que tienen las autoridades del Poder Ejecutivo para la ejecución y diseño de políticas educativas.
Sin embargo, reconoció que “los problemas de la educación no comienzan en 2005” aunque recordó que antes del primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010) se creó la educación de tiempo completo, la educación inicial y los bachilleratos tecnológicos.
Uno de los problemas que atraviesa Uruguay, puntualizó el experto, es la deserción en la educación. “El chico que a los 14 años deja de estudiar va a pagar los verdaderos costos de esa decisión cuando tenga 25 años. Y eso no se ve con tanta facilidad. Ahí hay una responsabilidad de todos para que veamos con claridad la gravedad del problema”, sostuvo Da Silveira, quien días atrás, en una columna publicada por el diario El País narró la historia de Juan, un joven de bajos recursos que pasa de grado a los tumbos y que “en marzo de 2020, cuando Vázquez esté entregando la banda presidencial, Juan habrá cumplido 16 años y es probable que a esa altura haya decidido dejar de estudiar”.
Por otra parte, el militante blanco indicó que se está ante un “problema muy serio” de diseño institucional y que las autoridades que representan a la ciudadanía tienen “poco peso”. “Nunca antes se había declarado la esencialidad de la educación. Nunca antes se había graffiteado el Palacio Legislativo. Y apenas van seis meses”, advertía Da Silveira a través de su cuenta de Twitter el 24 de setiembre.

La historia de Juan.

Juan es un uruguayo como tantos. Nació en un hogar de bajos recursos, en un barrio montevideano bien al norte de Avenida Italia. En su familia todos tienen claro el año de su nacimiento: fue a principios de 2004, el año en que, por primera vez, ganó las elecciones el Frente Amplio.

Casi en el mismo momento en que Tabaré Vázquez asumía la presidencia de la República, Juan, con un año recién cumplido, empezó a asistir a un centro CAIF. Su madre tenía que trabajar todo el día y esa solución le resultó muy adecuada. En el barrio algunos le dijeron que debía agradecer la posibilidad de acceder a un centro CAIF al gobierno del Frente Amplio. Pero no era verdad. Los centros CAIF existen desde el año 1988, hace más de un cuarto de siglo.

En el año 2008, con cuatro años recién cumplidos, Juan ingresó a un jardín de infantes público y gratuito. Algunas personas le dijeron a su madre que la posibilidad de acceder a ese jardín era obra del gobierno de Vázquez, pero tampoco era cierto. El gran crecimiento de la educación inicial ocurrió en la segunda mitad de la década de los 90. Entre 1995 y el año 2000, la matrícula de la educación inicial pública (alumnos de 3 a 5 años de edad) pasó gruesamente de 50 a 85 mil inscriptos. Desde entonces apenas se ha modificado (aunque sí aumentó la matrícula de la educación inicial privada).

En el año 2010, justo cuando José Mujica asumía como presidente (“educación, educación, educación”), Juan ingresaba a primero de escuela. Desde entonces ha venido pasando de año, para orgullo de toda su familia. Si la maestra lo promueve, quiere decir que está aprendiendo.

Lo que la familia de Juan no sabe es que, desde hace una década, las tasas de repetición en primaria se han hecho bajar artificialmente mediante presiones informales que no quedan registradas en ningún lado pero cuya existencia es ampliamente reconocida por los docentes. En el año 2004, la tasa de repetición en las escuelas públicas rondaba el 9%. Ahora se ubica en el 5%, es decir, casi la mitad.

En marzo del año que viene, Juan, con 12 años recién cumplidos, va a ingresar a primero de liceo. Y es probable que él y su familia se lleven una sorpresa desagradable. Porque, si bien la repetición en sexto año de Primaria está hoy por debajo del 2%, la repetición en el primer año del Ciclo Básico anda por encima del 30%. Cuanto más bajó la repetición en Primaria, más subió en el Ciclo Básico. La triste verdad es que casi todos los alumnos de Primaria pasan de año, pero los que realmente aprenden son muchos menos. Al final las cifras no mienten.

En marzo del año 2020, cuando el presidente Vázquez esté entregando la banda presidencial, Juan habrá cumplido 16 años. Es probable que a esa altura haya decidido dejar de estudiar. El mal funcionamiento de los centros de enseñanza, la inadecuación curricular, la pérdida de clases, la falta de vínculos personalizados con los docentes, expulsan en masa a los alumnos como él. El 35% de los chicos de 16 años que provienen del 20% de hogares más pobres ya dejó de estudiar a esa edad. Juan tiene una posibilidad en tres de estar entre ellos. Si su hogar pertenece al segundo quintil de ingresos, tendrá una posibilidad en cinco de haber abandonado los estudios con sólo 16 años. Toda una hipoteca sobre su futuro.

Y eso sí se lo deberá a los gobiernos del Frente Amplio.

Pablo Da Silveira

Corruptio optimi

Un perro no tiene más derechos que una oveja”, dijo el filósofo (transitoriamente al mando del Ministerio de Ganadería y Agricultura) Tabaré Aguerre. Y mucha gente aplaudió.

El aplauso tenía justificación, porque lo que el ministro Aguerre estaba diciendo es que, finalmente, el Estado va a tomar medidas ante el grave problema de las jaurías que andan sueltas en el campo. Pero eso no oculta lo excedido de la retórica empleada.

La verdad es que ni los perros ni las ovejas tienen derechos. Y la razón por la que no los tienen es la misma por la que tampoco tienen deberes: no son, ni nunca van a ser, ni nunca hubieran podido ser, agentes morales. Decir que una oveja tiene derechos es tan extraño como decir que un perro tiene el deber de respetar su vida o su integridad física. Eso no quita que nosotros tengamos deberes hacia los animales (por ejemplo, el deber de no hacerlos sufrir innecesariamente). Pero los que tenemos deberes somos nosotros, que somos agentes morales. Y esos deberes nos obligan aunque los animales no tengan derechos. También tenemos el deber moral de cumplir nuestras promesas, aunque los demás no puedan invocar un derecho general a verlas cumplidas.

Las palabras del ministro Aguerre, y la aceptación del auditorio, reflejan un fenómeno muy extendido en estos días: la inflación retórica a la hora de justificar nuestras preferencias y decisiones. Parecería que el gobierno ya no es capaz de justificar sus políticas sin invocar los derechos de alguien. Y parecería que ya no es posible plantear una reivindicación sin ponerse en ejecutor de los mandatos de la justicia universal. El lenguaje del interés legítimo ya no es empleado ni por las organizaciones más ferozmente corporativas.

Alguien podría pensar que todo esto es una cuestión de palabras, pero la verdad es lo contrario. La inflación retórica conduce a una devaluación de los términos empleados. A esta altura, que alguien utilice la palabra “derecho” solo indica que está expresando un deseo muy fuerte o un objetivo que se ha propuesto defender con uñas y dientes. Pero no todo lo que deseamos es un derecho ni todos los objetivos que nos proponemos, por legítimos que sean, pueden traducirse a ese lenguaje. Ni siquiera existe un derecho a ser felices, que es lo que en última instancia más nos importa. Lo que existe es el derecho a buscar la felicidad sin quedar sometidos a prohibiciones u obligaciones arbitrarias que otros quieran imponernos. Pero el resultado no está asegurado.

Cuando todo pasa a ser un derecho, nada es un derecho. El filósofo Ronald Dworkin lo decía con una imagen muy elocuente: los derechos son como los comodines, es decir, cartas con un efecto muy poderoso que solo podemos usar en ciertas situaciones. Un mazo compuesto únicamente de comodines es lo mismo que un mazo sin comodines. Por eso conviene que haya pocos, pero que sean fuertes y respetados.

Si seguimos como hasta ahora, terminaremos por vaciar la palabra “derecho” de todo contenido. Y la historia nos enseña lo que ocurre cuando los derechos dejan de ser tomados en serio, ya sea por los gobiernos o por organizaciones políticas que se sienten llamadas a cambiar la historia: todos quedamos radicalmente desprotegidos.

Los antiguos romanos tenían un dicho muy sabio: “corruptio optimi pessima”. La corrupción de lo mejor es lo peor. Ese es el riesgo que estamos corriendo.

 

Pablo Da Silveira

Pablo Da Silveira: “Lo de nuestra educación no es un problema, es una tragedia”

El integrante del Centro de Estudios del Partido Nacional, Pablo Da Silveira, analizó en El Espectador la situación actual en materia de educación en Uruguay. Sobre esto dijo que “es de las peores cosas que le han pasado al país en muchisimos años”.

“Es una tragedia para hoy y mañana, porque muchos estudios muestran en varias partes del mundo que el funcionamiento del sistema educativo es un buen pronosticador del funcionmamiento de la sociedad a 15 o 20 años. Si seguimos teniendo mala calidad, vamos a tener una sociedad excluyente, con dificultades para asegurarse su propio sustento productivo”, opinó Da Silveira en diálogo con Daniel Castro.

Fuente: Radio El Espectador 

Foto: Javier Calvelo